El miedo al éxito

 

“Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
(…)
Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lucas 1:5-10)

Dios va obrando en mi vida, va mostrándome su fidelidad y abriendo puertas. Y yo voy avanzando paso a paso. Lo curioso es que en lugar de saltar de alegría hacia mis metas, me lleno de temor y doy cada paso con miedo. Tengo miedo que estando cerca a la siguiente meta, Jesus vuelva a ver quién soy y vea que aun soy pecadora, aun fallo, aun soy soberbia, aun soy superficial, aun soy egoísta, aun estoy pecando y me diga “No, hija, aun no estás lista” y cierre la puerta en mi cara. Y tal vez eso fue lo mismo que le pasó a Simón Pedro. Vio que Jesus estaba haciendo un milagro en su vida, pero conociéndose a sí mismo prefirió decirle a Jesus que mejor se aleje: Pedro era un pecador y no merecía ese tipo de éxito en su vida. Si seguía al lado de Jesus, Jesus se daría cuenta eventualmente y lo descalificaría.

Y seguramente tenía razón. Pero Jesus ya sabía todo eso, y no le importó. Por más pecador que Pedro aun era, le mostró que tenía incluso un propósito más grande que esa pesca tan increíble que acababan de hacer: lo iba a hacer pescador de hombres. Una responsabilidad más grande aún.

El amor de Dios es incomprensible, irracional, increíble. Tan difícil de entender a veces, porque estoy tan acostumbrada a que necesitamos “merecer” las cosas, y lo cierto es que yo no merezco las cosas que El me da, si miro realmente lo que hay dentro de mi, no lo merezco. “Apártate de mi, Señor, soy pecadora” es lo que mi conciencia humana me dice. “Mejor ya no avances, porque eventualmente vas a perderlo todo”. Pero siento que mi espíritu me esta encaminando hacia otra mentalidad “Levanta la cabeza. Sigue adelante, que aún hay más por venir”.

Aquí te dejo algunos versos para sembrar en tu corazón:

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa afuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. (1 Juan 4:18)

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Isaías 41:10)

En Dios he confiado, no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? (Salmos 56:11)

Pero alégrense todos los que en Ti confían; den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes. En Ti se regocijen los que aman tu nombre. (Salmos 5:11)

No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere, porque el Señor será tu confianza, y Él preservará tu pie de quedar preso. (Proverbios 3:25-26)

No temais; manada pequeña, porque vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32)

No temas, yo soy tu escudo y tu galardón será sobremanera grande. (Génesis 15:1)

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. (Josué 1:9)

Artículo referencial: http://www.nehemiahministries.com/fearsuccess4.htm

 

QDTB,

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En un mundo de libertad sexual: una opinión conservadora

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Definitivamente esperar al matrimonio para tener relaciones sexuales es una decisión poco común hoy en día. Pero quiero dar un paso atrás, algo no tan controversial, creo yo, y que seguramente varias personas sí deciden hacer. Es sobre esperar a tener relaciones sexuales hasta estar en una relación estable.

Si bien suena como lo lógico y obvio a hacer, al menos en mi experiencia personal y de personas que he conocido, es algo que, en la práctica, no sucede tan frecuentemente. No tengo nada en contra de las personas que tienen sexo abiertamente sin ninguna relación formal establecida, ni deseo de tenerla, no soy quién para juzgar porque yo misma lo he practicado (no me avergüenzo de mi pasado). Pero de todas maneras, quiero dirigirme a las mujeres en general, tal vez haya ciertas excepciones a lo que voy a compartir, si eres la excepción, este post no va dirigido a ti.

He escuchado todo tipo de comentarios respecto a lo conservadora que me he vuelto en el tema de tener relaciones sexuales. La mayoría de gente no entiende, o cree que estoy floreando o simplemente no comparte mi forma de pensar; y todo bien con ellos. Pero he tenido un par de encuentros en los que me han dicho “monja” y “mojigata” (en realidad fue prude porque fue en inglés) por no estar de acuerdo con practicar “sexo informal”. De igual manera, todo bien con ellos. Mi identidad está clara y no me afecta o avergüenza pensar en la forma en la que lo hago, tengo mis convicciones muy definidas, claras y, sobre todo, fuertes.

Pero no puedo evitar pensar en aquellas mujeres, o personas, que no la tienen tan clara. Dicen que se aprende de dos formas: por experiencia propia o por experiencia ajena. Y quiero compartirte de mi experiencia y experiencias de las que he sido testigo, tal vez te ahorre un par de lagrimas y unas cuántas decepciones.

Dicen que se aprende de dos formas: por experiencia propia o por experiencia ajena. Y quiero compartirte de mi experiencia, tal vez te ahorre un par de lagrimas.

Todos buscamos ser aceptados. Pero lamentablemente, lo que veo hoy en día es que la ideología liberal no sólo busca ser aceptada, si no que busca ser impuesta a todos. Si no estás de acuerdo, vienen los ataques: “Religiosa” “Monja” “Mojigata” “Anticuada” “Abuela” “Cerrada” “Ingenua”, y demás. Y las cosas no son así. Nuevamente, no tengo nada en contra de las personas que viven su sexualidad abiertamente, pero como la misma Biblia dice “Todo te es lícito, pero no todo te conviene”. Si ves que otros disfrutan de lo informal, pues felicidades a ellos porque les es lícito, pero necesitamos entender que no todos estamos configurados de la misma manera y no a todos nos conviene las mismas acciones, a algunos nos lastima o simplemente no nos gusta.

Solo quiero decirte: espera. Si has tenido relaciones sexuales informales (o tal vez agarres/chapes, si eres más joven), deja de hacerlo. Lo que yo misma he vivido, y lo que he visto una y otra vez hablado con mujeres que están teniendo relaciones fuera de una relación estable es esta actitud: “En verdad, ahorita yo tampoco quiero nada serio”. Seguido de meses saliendo y teniendo sexo con un hombre (o tal vez menos tiempo, semanas) y los sentimientos de la mujer creciendo, agarrándole cariño al hombre y empezando a justificarlo: Yo sé que me quiere. Se nota que de hecho le importo, pero ahorita …no quiere nada serio, …acaba de terminar con su novia y no va a saltar a otra relación, …le acaban de romper el corazón, …ya ni tiene relaciones con su novia/esposa, …tiene miedo al compromiso, …está enfocándose en su carrera, …es complicado, etc, etc, etc. A las finales la mujer, secretamente, sí quiere algo estable, pero por miedo a perder al hombre, le sigue el juego. Se hace la que no le importa, se miente a sí misma para poder seguir con él, todo para salir lastimada cuando por fin esa pseudo-relación termina.

Si aún no has tenido relaciones sexuales informales, mi consejo personal es: no lo hagas.

Hemos pasado de ser niñas viendo Disney y creciendo soñando con la llegada de nuestro principe azul, a irnos al otro extremo: a rechazar totalmente la idea de que una mujer quiera tener algo bonito con un hombre. Si una mujer soltera anhela tener una relación “¡Dios mío! ¡Qué horror! ¡Qué patética! ¡Parece desesperada!”. Todo extremo nunca es bueno. Ninguna de estas posiciones está bien. Solo quiero decirte que puedes ser una mujer independiente, fuerte y feliz y al mismo tiempo desear tener una pareja. Ojo: dije independiente, fuerte y feliz; no esperando que un hombre venga a salvarte de donde estás, que sea tu media mitad y/o que te haga feliz. Mientras estés esperando que un hombre te complete, te saque del hoyo en el que estás y te haga feliz, no vas a poder sostener una relación estable. Pero bueno, ese es otro tema que podemos analizar en otro post.

Hemos pasado de ser niñas viendo Disney y creciendo soñando con la llegada de nuestro principe azul, a irnos al otro extremo: a rechazar totalmente la idea de que una mujer quiera tener algo bonito con un hombre.

Admitir abiertamente que te gusta el romance, que te gusta sentirte amada, que te gusta que alguien te valore tanto que esté orgulloso de decir “ella es mi pareja”, no te hace débil y no es nada de qué avergonzarse. Al contrario, es una evidencia de ser fuerte. De saber que mereces algo bueno, mereces a alguien que te valore, que quiera todo contigo y no algo a medias: PORQUE VALES LA PENA, PORQUE IMPORTAS. No permitas que un hombre, o que nadie, te haga sentir menos por eso. Si un hombre que te atrae no está de acuerdo con eso y decide que prefiere no salir contigo, no significa que hay algo malo en ti, ni en tu decisión, significa que él simplemente no es la persona para ti. Y no, no todos los chicos buenos son feos tampoco. Hay hombres lindos, con muchas cualidades atractivas, que sean tu tipo y que TAMBIÉN están listos para valorar a una mujer como se lo merece (todos somos valiosos, hombres y mujeres).

Hay una frase que dice “mientras espero al hombre correcto, me divierto con los incorrectos”. Amada, déjame decirte que cuando te estás divirtiendo una hora y el resto del día te la pasas anhelando más de lo que recibes, estás malgastando tu tiempo, dañando tu autoestima y alargando el tiempo que te tardará conocer a alguien que quiera lo mismo que tú secretamente anhelas.

Cuando me dijeron “monja” una vez y “mojigata” en otra oportunidad, fue porque pensaron que no había experimentado tener relaciones en una relación informal. En una ocasión, le compartí a esta persona que sí lo he experimentado, pero no me gusto tanto y que, para mi, no es igual de placentero como hacerlo con alguien que amo. En otra ocasión no dije nada porque sentí que no le debía explicaciones a esa persona ni me sentía cómoda como para hablarle de mi intimidad.

Algunas personas disfrutan la adrenalina de ser descubiertos, o la libertad de no tener que rendirle cuentas a nadie, o la seducción de lo prohibido, o de simplemente disfrutar del sexo sin amor; y como dije, a los que les funciona eso, felicidades a ellos. Pero nuevamente: NO TODOS SOMOS IGUALES. No tiene nada de malo que algunos otros prefiramos la seguridad de estar con alguien que nos ama, o de la entrega hacia alguien que amamos, o de la conexión que sucede a un nuevo nivel, o de la libertad que se siente al estar con alguien que conoce tus defectos y virtudes y aun así decide tener todo contigo; y en mi caso, del placer que agregue el honor, seguridad y amor que sentiré cuando alguien prometa públicamente que estará conmigo el resto de su vida.

Si te sientes identificada en algún nivel, solo quiero aconsejarte que aprendas a decir no. Que no tengas miedo. A veces el rechazo de un hombre que no quiere algo serio -o el rechazo de la sociedad- es duro y difícil, pero más duro y difícil es reparar un corazón roto. Si te sientes identificada, aprende a esperar. Nada que realmente vale la pena se consigue sin esfuerzo. Sentirse amada vale la pena, aprende a esperar. Un buen hombre vale la pena, aprende a esperar. Tú vales la pena, aprende a esperar.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23)

Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)

A cambio de ti entregaré hombres; ¡a cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. (Isaías 43:4)

No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. (Gálatas 6:9)

QDTB,

Vivi 🖤

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Siempre tiro la toalla: 4 tips para perder peso cuando sueles rendirte rápido

 

El deporte y los ejercicios nunca han sido lo mío. Con solo decir que cuando estaba en el colegio, a la hora que elegían capitanes para elegir sus equipos, siempre era una de las últimas que elegían, con eso creo que pueden hacerse una idea. Pero por algún motivo siempre ha sido algo que he querido ser. Una chica deportista. Una chica fit.

Tal vez es influido por las diferentes acciones que mi mami hacía cuando era más chica, desde meterme al gimnasio, meternos a la dieta de los parches con mi hermana (alguien más la ha hecho?), contratarnos nutricionista. Tal vez influyó que, mientras estaba en la universidad y engordé, mi hermana mayor regresó de un largo viaje, más flaca que nunca y yo me sentí bien porky, y la mezcla de celos e inspiración me llevaron a querer bajar también. Tal vez es influido por la cultura en Perú, donde el estándar de belleza es el estilo “europeo”: mujeres de piel clara, altas, rubias y sobre todo, delgadas. Tal vez es todo junto.

Lo cierto es que desde mucho tiempo he querido ser más delgada, pero no solo eso, he querido ser fit. Me he metido al gimnasio incontables veces, para terminar yendo sólo un mes de la membresía de 6 meses que pagaba. Nunca he sido muy gorda, con eso no puedo identificarme, pero no he estado contenta con mi cuerpo.

Después de muchos intentos, de empezar y no terminar, siento que he entrado en una rutina que cada vez más y más me motiva a continuar y no dejar de hacerlo. La lucha se va haciendo cada vez más fácil (ojo: sigue difícil, pero tengo más fuerza de voluntad). No soy una experta en fitness así que en eso no puedo ayudar, pero quiero compartir las cosas que me han ido sirviendo hasta ahora:

1. Aprende a amar la contextura de tu cuerpo

He tenido que ir aprendiendo que cada cuerpo es distinto. Que el “estándar” de belleza es relativo y cada persona tiene una belleza distinta. Lo que más me ha ayudado, es entender que el único que tiene autoridad y potestad para definir qué es bello, es Dios. Él es mi creador y, así como el creador de cualquier invento es quien define cuál será el nombre del mismo, mi creador me define como asombrosa y maravillosa, como su obra maestra. Independientemente de la opinión que quién sea pueda tener, no es nada más que eso: una opinión. Dicen que las opiniones son como los ombligos, todos tienen una. Mi identidad está puesta en lo que mi Creador dice de mi, nadie más.  “Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien.” (Salmos 139:14). “Pues somos la obra maestra de Dios.” (Efesios 2:10a). Así que aprendí a amar mi contextura.

Hice un post sobre el autoestima (puedes verlo aquí) y expliqué que en el autoestima influye tu yo ideal. Si tu yo ideal es alguien con una contextura distinta a la tuya, te estás trazando una meta imposible, no sólo vas a frustrarte por siempre por no alcanzar dicha meta -ya que es imposible-, sino que vivirás con el autoestima baja, que juega en tu contra. Aprendí a aceptar mi contextura, aceptar que soy caderona, que tengo tendencia a engordar por atrás y a tener celulitis (cada quien batalla con su propia imagen) aceptar que soy así y eso no va a cambiar (me refiero a mi contextura). Y luego eso empecé a buscar personas con la misma contextura que yo, pero con el cuerpo ideal para esa contextura (JLO, Shakira, Selena Quintanilla, etc) y empecé a apuntar a eso, algo más realista.

Si tu yo ideal es alguien con una contextura distinta a la tuya, te estás trazando una meta imposible, no sólo vas a frustrarte (…) sino que vivirás con el autoestima baja, que juega en tu contra.

2. Baja de peso primero con tu alimentación

Dicen que para estar en forma es 30% ejercicios y 70% alimentación. Algo que me ha pasado es que empezaba a hacer ejercicios sin alimentarme correctamente. Yo soy una persona que se fija mucho en los resultados. Como toda forma de ser, esto tiene un lado bueno y un lado malo. Mi búsqueda de resultados primero empezó a jugarme en contra. Cuando empezaba a hacer ejercicios lo que sucedía es que me daba más hambre. Y como no estaba acostumbrada a comer correctamente, comía más y eso no ayudaba en mi búsqueda de estar tonificada. Es frustrante estar matándote en el gimnasio (o dónde sea) y ver que estás ensanchándote más, en lugar de adelgazando. Ese es el punto donde solía dejar de hacer ejercicios y tirar la toalla.

Pasar de alimentarte “no saludable” a “saludable” repentinamente tampoco es fácil. Como comenté antes, no soy una experta en esto y sólo puedo compartirles mi experiencia. Las dietas no funcionan. Privarte de alimentos siempre me ha llevado a atracones de comida chatarra que a las finales hacían que suba todo el peso que había bajado. Cuando estás acostumbrada a comer “rico” y pasar a comer verduras y vegetales que no estás acostumbrada no es fácil tampoco. Lo que a mi me ha funcionado es: comer como siempre, pero en porciones más pequeñas. Muchas veces el exceso de peso/grasa que tenemos es ocasionado porque consumimos más calorías de las que necesitamos. Nuestro cuerpo gasta energía diariamente, y las calorías en nuestros alimentos son eso: energía. Cuando le damos a nuestro cuerpo más energía de la que usamos, se convierte en grasa. Muchas veces la sensación de “hambre” que tenemos, no es porque nuestro cuerpo necesita más energía, sobre todo si tenemos un estilo de vida sedentario (la mayoría del tiempo estamos sentados), sino porque hemos acostumbrado a nuestro estómago a recibir mucha comida, lo hemos estirado más de lo que debiera.

Digo bajar de peso primero con la alimentación y sin ejercicio por dos razones. (1) Cuando haces ejercicios tu cuerpo SÍ necesita más energía, necesita más alimentos. Si aún no haces ejercicios, comer menos de lo usual va a servir para que tu estómago se reduzca a un tamaño ideal y vas a poder identificar que esa sensación de “hambre” viene precisamente de eso: de tu estomago que está más grande de lo que debiera y no de que tu cuerpo necesita más energía. (2) Cuando empiezas a bajar de peso sin el esfuerzo adicional del ejercicio, empezamos a motivarnos. En lugar de vernos en el espejo y pensar “ajj que gorda estoy” empezamos a pensar “guau estoy más delgada”. Algo que he aprendido es que nuestro subconsciente hace lo que le decimos. Si le decimos “estoy gorda” va a decir “ok, estamos gordos!” y seguirá llevándote a acciones que mantendrán ese estado: gordos. Si le decimos “estoy más delgada” va a decir “ok, estamos más delgados!” y seguirá llevándote a acciones que mantendrán ese estado: cada vez más delgados.

…nuestro subconsciente hace lo que le decimos. Si le decimos “estoy gorda” va a decir “ok, estamos gordos!” y seguirá llevándote a acciones que mantendrán ese estado: gordos.

3. Analiza qué es lo que te motiva

Todos tenemos distintas motivaciones. En mi caso, como les comenté, yo soy una persona de resultados. La verdad, cuando bajé de peso porque empecé a comer porciones más pequeñas llegué a tener un cuerpo con el que me sentía contenta (con ropa, porque en bikini no tanto). Empezaba a hacer ejercicios para estar tonificada pero luego lo dejaba. Lo dejaba porque cuando hacía ejercicios, volvía a pasar lo mismo: mi cuerpo me pedía más comida. Eso y el hecho que mi abdomen se hinchaba un poco más por el ejercicio hacía que me vea al espejo y piense “¿¿tanto esfuerzo para estar más ancha que antes!??” y dejaba de hacer ejercicios.

¿Por qué? Porque no sólo soy una chica que se enfoca en el resultados, sino que soy muy impaciente y los resultados inmediatos que veía no eran buenos. Decidí enfocarme en la idea de ser más saludable, y eso me ayudó mucho en hacer pequeños cambios en mi alimentación, agregar más verduras por aquí y por allá y tomar más agua. Pero esa motivación de ser saludable no fue lo suficientemente fuerte para llevarme a hacer el esfuerzo constante de hacer ejercicios.

Quiero agregar un paréntesis que creo que es muy importante antes de compartir lo que me motivó en particular en lo de hacer ejercicios. Yo he luchado mucho con el autoestima baja y tengo tendencia a ser muy dura conmigo misma. Por diferentes experiencias que he vivido, he sido una persona que siempre quería cambiar mi forma de ser, porque pensaba que la que tenía era “incorrecta”. “No tengo fuerza de voluntad, tengo que ser más disciplinada”; “Soy floja, tengo que ser más proactiva”; “Tengo poco amor propio, tengo que amarme más”. Si bien estas formas de ser no son las ideales, yo creo que eso no las hace “incorrectas”. Nuevamente, Dios me ha creado, dice que soy maravillosa y  que soy su obra maestra, así como soy: con mis defectos y virtudes. Y el querer trabajar con formas de ser que simplemente aún no eran parte de mi, también me jugó en contra. Querer hacer ejercicios para ser “más disciplinada” o “mas proactiva” o “amarme más” tampoco me funcionó. A decir la verdad, lo que me llevó a “amarme más” fue el aceptar mis defectos. No soy perfecta y eso está bien. La sociedad estará en desacuerdo, pero me enfoqué en lo que dice Dios, no la gente.

Querer trabajar con formas de ser que simplemente aún no eran parte de mi, también me jugó en contra.

Entonces regresé a ser quién soy. Tenía un “defecto” que era enfocarme mucho en los resultados. Pero encontré una forma de usar esa cualidad que me jugaba en contra y convertirlo en “virtud”. Decidí enfocarme en un resultado distinto. Imprimí un calendario donde podía marcar una X cada vez que hacía ejercicios. Me puse la meta de hacer ejercicios 5 veces por semana. Semana tras semana, he podido visualizar mis metas cumplidas, ver mis resultados. No el resultado del espejo, sino el resultado de mi calendario. Y ver los resultados cumplidos me han motivado más y más a seguir continuando, porque así es como funciono.

4. Busca un aliado con experiencia

Algo que ayuda mucho es tener una persona que ya haya alcanzado la meta que tú tienes. La verdad que en el camino me he desmotivado porque no puedo evitar mirarme al espejo y ver que tener resultados en mi cuerpo tarda mucho. En esas ocasiones hice 2 cosas: (1) Buscar información en Google, leí varios artículos que dicen que los resultados se ven desde por lo menos 4 semanas haciendo ejercicios, hasta 8, que hay que seguir siendo constante con los ejercicios y con la alimentación y eventualmente los resultados irán notándose (mi desmotivación fue en mi semana 3); (2) Le pregunté a mi novio, y me dijo lo mismo, que toma tiempo. Así que decidí confiar y seguir adelante. Cuando alguien (sea personal o a través de un articulo o libro) ya lo ha logrado y sabe que funciona, ayuda mucho a darte seguridad cuando estás aún en camino.

Cuando alguien ya lo ha logrado y sabe que funciona, ayuda mucho a darte seguridad cuando estás aún en camino.

Y bueno, esas son todas las cosas que puedo rescatar de este camino que he estado siguiendo. Lo curioso es que más allá del tipo de alimentación o ejercicio a hacer o lo que sea, realmente puedo decir que la batalla más fuerte es con nosotros mismos, en aceptarnos primero tal y cual somos y aprender a trabajar con eso, con lo bueno y con lo malo. Y en lo personal, creo que no hay mejor aliado que Jesús para ayudarte en eso.

QDTB,

Vivi 🖤

Has invitado a Jesús a tu vida? Pero de verdad, DE VERDAD? Sólo di esta oración de salvación con todo tu corazón, es así de simple 🙂

No temas, no desmayes.

Cuando dejé que Jesús entrara en mi vida, experimenté como un baño de amor difícil de explicar. Jesus llenó mi corazón de una forma que jamás había experimentado ni vivido. Nada podía compararse, ni si quiera el enamorarme que es lo que buscaba volver a vivir en ese entonces. Bromeaba y decía que Jesus arruinó los conciertos para mi porque experimenté su presencia al cantarle con todo mi corazón y la emoción de los conciertos no le llega ni a los talones. Experimenté felicidad rebosante, no tengo otra forma de describirlo.

Cuando empecé a caminar siguiendo a Jesús escuchaba constantemente “Dios es bueno” “Dios es fiel”. Y lo curioso es que después de experimentar su amor, muchas de las cosas que yo quería empezaron a desmoronarse poco a poco y no entendía. Se supone que Dios es bueno y Dios es fiel, por qué me pasa todo esto? Qué clase de testimonio voy a dar a la gente? Más que exaltar Su nombre siento que lo avergüenzo.

He llorado, he renegado, he pataleado. Hasta he resentido el hecho que Dios haya entrado en mi vida. Escuchaba una canción que decía “Me elegiste antes que dijera sí” y sentía resentimiento. Pero al final de todo solo me resignaba y aceptaba. “Dios, me has elegido y ni sé para qué. Nada de esto me gusta pero no puedo imaginar mi vida sin Ti. No quiero una vida sin Ti”. Experimenté la felicidad que viene de Su amor y no podía renunciar a ella.

Dios me ha ido sorprendiendo poco a poco, ha ido moldeando y transformando mi corazón, sanando cosas que ni sabía que necesitaba sanar, llevándome a cumplir sueños que ya había olvidado. Es difícil confiar en medio de una tormenta, sobre todo cuando pareciera que Dios no te está escuchando, se requiere fe. Pero por fin puedo decir con convicción: Dios realmente es bueno y Dios realmente es fiel.

Mateo 8:24 Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. 25 Y llegándose a El, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos , que perecemos! 26 Y El les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe? Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.

Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados

Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Isaias 43:2 Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Deutoronomio 21:8 El Señor va delante de ti; él estará contigo, no te dejará ni te desamparará. No temas ni te intimides.

Isaias 41:10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

No lo olvides.

QDTB,

Vivi 🖤

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Cuando fallamos


Respecto a equivocarse y pecar. Todos lo hacemos, sin Cristo y con Él. El seguirlo no nos hace perfectos, pero esta es la experiencia que he vivido.

Sin Jesus: Me equivoco. Me caigo. Salgo lastimada. Lloro. Me limpio las rodillas. Me levanto. Me digo a mi misma que todo pasa por algo y ahora seré más fuerte y no me arrepiento de nada. Vuelvo a intentar siguiendo los mismos pasos de la vez pasada. Como si no hubiese aprendido nada. Me vuelvo a equivocar de la misma manera. Ya no me duele tanto pero termino en el mismo lugar una y otra vez. Y se repite la historia. Como si tuviese vendas en los ojos que no me permiten ver que estoy dando vueltas y vueltas en un círculo vicioso.

Con Jesus: Me equivoco. Me caigo. Salgo lastimada. Lloro. Se lo cuento a Jesus, pataleo de lo “injusto” que es. Lo escucho. Sana mi corazón. Acepto mi equivocación. Entiendo. Aprendo. Me arrepiento, pero aun así entiendo que todo pasa por algo y ahora no sólo soy más fuerte, pero también más sabia. Evito caer en lo mismo, me tomo de Su mano y trato de seguir el camino que El ha puesto para mi. Tal vez me distraiga y desvíe y caiga de nuevo, pero ya no estoy ciega, no será de la misma manera, no será en el mismo hoyo. No estoy en un círculo vicioso, estoy avanzando.

QDTB,

Vivi 🖤

 

Has invitado a Jesus en tu vida? Pero de verdad DE VERDAD? Sólo di esta oración de salvación con todo tu corazón, es así de simple 🙂

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